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Cuidar el coche en Fuerteventura: viento, arena y salitre, y cómo acertar con la pieza cuando toca

Cuidar el coche en Fuerteventura: viento, arena y salitre, y cómo acertar con la pieza cuando toca.

Redacción
Cuidar el coche en Fuerteventura: viento, arena y salitre, y cómo acertar con la pieza cuando toca

Quien conduce a diario por la isla lo sabe sin que nadie se lo explique. El coche que duerme en la calle en Corralejo, El Cotillo o Morro Jable amanece con una película fina de polvo y sal, y basta una jornada de viento fuerte para encontrar arena en el salpicadero aunque las ventanillas estuvieran cerradas.

El clima majorero es amable con las personas y bastante menos con la mecánica. Nada de lo que ocurre es dramático ni inmediato, pero sí acumulativo: un filtro que se satura antes de tiempo, una goma que se cuartea, un punto de óxido que aparece donde saltó una piedrecita. Con algo de constancia, casi todo se puede frenar.

Al preparar esta guía, en la redacción repasamos también el momento que más dudas genera: cuando algo hay que cambiarlo y toca pedir el recambio. Comprobamos cómo se localiza una pieza a partir de su referencia de fabricante y dónde consultar su precio: https://avtopro.es/repuesto-04L103151A-VAG-138/ . Más abajo explicamos por qué ese código evita buena parte de los errores de compra.

Por qué el clima majorero es duro con el coche

En Fuerteventura coinciden, con una constancia poco habitual, varios factores: el alisio que sopla buena parte del año, los episodios de calima que traen polvo en suspensión, un terreno árido, muchas horas de sol y el mar siempre cerca.

La brisa marina arrastra gotas minúsculas de agua salada que se depositan sobre la carrocería y se cuelan por cualquier rendija. La sal retiene humedad y acelera la oxidación del metal que ha quedado desprotegido. La arena actúa de abrasivo fino, y el sol reseca gomas y plásticos y envejece la pintura.

Dónde atacan el viento, la arena y el salitre

Pintura y carrocería

El viento cargado de arena va matizando poco a poco la laca, sobre todo en el frontal, el capó y los retrovisores. Los faros pierden transparencia y el parabrisas acumula micropicaduras. Cualquier desconchón que deje la chapa al aire es una puerta de entrada para el óxido.

Bajos, frenos y suspensión

Es la zona que menos se ve y la que más sal recibe. Suelen resentirse antes el escape, la tornillería, los soportes y las pinzas de freno. Un óxido superficial en los discos después de varios días parado es normal y desaparece tras las primeras frenadas; las picaduras profundas o los ruidos persistentes ya piden taller.

Juntas, gomas y conexiones eléctricas

Las gomas de puertas y ventanillas se resecan con el sol y la arena las desgasta en cada apertura. En el vano motor, el salitre puede sulfatar los bornes de la batería y afectar a conectores y masas, lo que puede provocar fallos eléctricos intermitentes.

Lavado, protección y revisiones más frecuentes

Lavar bien y a menudo

El agua dulce es la mejor defensa. Si el coche duerme cerca de la costa, un lavado cada una o dos semanas suele ser una pauta razonable, y un simple aclarado después de un temporal de viento ya ayuda. Conviene enjuagar con abundante agua antes de pasar la esponja, porque frotar sobre arena raya la pintura, e insistir en bajos y pasos de rueda.

Proteger la pintura y los plásticos

Una cera o un sellante aplicados un par de veces al año dan a la laca una capa de sacrificio. Aparcar a cubierto o a resguardo del viento dominante marca la diferencia.

Acortar algunos intervalos

Muchos fabricantes prevén en el libro de mantenimiento plazos más cortos para uso en ambientes polvorientos o condiciones severas. Merece la pena consultarlo y comentarlo con el taller de confianza. La ITV comprueba unos mínimos de seguridad y emisiones, pero no sustituye al mantenimiento.

Los filtros y piezas de desgaste que más sufren

Filtro de aire del motor. Con polvo y calima se satura antes. Un filtro muy sucio puede restar respuesta y aumentar el consumo; revisarlo a mitad del intervalo previsto es una precaución sencilla.

Filtro de habitáculo. Si la ventilación pierde caudal o huele a humedad, probablemente toca cambiarlo.

Escobillas limpiaparabrisas. El sol endurece la goma y la arena la corta. Accionarlas en seco sobre un cristal con polvo raya el parabrisas: primero, agua.

Batería. El calor sostenido tiende a acortar su vida útil. Conviene vigilar los bornes y pedir una comprobación de carga en las revisiones.

Neumáticos. El sol reseca los flancos. Hay que revisar presiones con regularidad y buscar grietas, además de medir el dibujo.

Comprar el recambio correcto con la referencia OEM

Un mismo modelo puede montar piezas distintas según el año, el motor o el acabado. Por eso, buscar un recambio solo por marca y modelo es la vía más habitual para equivocarse. La referencia OEM es el código con el que el fabricante del vehículo identifica cada pieza concreta, y permite buscarla sin ambigüedad.

Dónde encontrar la referencia

En la propia pieza, grabada o en una etiqueta.

En la factura de una reparación anterior.

A través del número de bastidor (VIN), que figura en el permiso de circulación: con él, un taller o un servicio oficial puede indicar qué referencia corresponde exactamente a ese coche.

Qué comprobar antes de pagar

Con el código en mano se pueden comparar la pieza original y las equivalentes de otros fabricantes, que suelen indicar a qué referencia OEM sustituyen. Conviene confirmar la compatibilidad con el bastidor, porque los fabricantes a veces reemplazan una referencia por otra más reciente. En Canarias hay que preguntar además por el plazo de entrega, los trámites aduaneros y el IGIC, que pueden alterar el precio final y la espera.

Una limitación importante: acertar con la pieza no equivale a saber montarla. Frenos, dirección, suspensión y airbags son elementos de seguridad y su sustitución debe quedar en manos de un profesional.

Checklist para conductores de la isla

Aclarar el coche con agua dulce tras varios días de viento o de aparcar junto al mar.

Lavar los bajos y los pasos de rueda al menos una vez al mes.

Revisar el filtro de aire a mitad de intervalo y tras episodios intensos de calima.

Limpiar el parabrisas con agua antes de accionar las escobillas.

Comprobar presiones y flancos de los neumáticos cada mes.

Mirar los bornes de la batería y las gomas de las puertas cada pocos meses.

Retocar cuanto antes cualquier desconchón de pintura.

Guardar la referencia OEM y la factura de cada pieza sustituida.

En resumen

El viento, la arena y el salitre no se pueden evitar, pero sus efectos sí se pueden retrasar con agua dulce, algo de protección y revisiones un poco más frecuentes de lo habitual. Y cuando llega el momento de cambiar una pieza, partir de la referencia del fabricante ahorra devoluciones y esperas. Cada vehículo y cada uso son distintos: ante cualquier duda, sobre todo si afecta a la seguridad, la respuesta está en el taller.

Fuente: La Voz de Fuerteventura